El manejo técnico durante este mes es clave para sostener el crecimiento activo del cultivo, fortalecer el desarrollo radicular y prevenir daños por estrés térmico.
Febrero marca una etapa relevante para los huertos de kiwi en formación, donde las decisiones de manejo inciden directamente en el desarrollo del sistema radicular, la estructura de la planta y la sanidad del cultivo. En este período, el monitoreo permanente y las intervenciones oportunas permiten consolidar el crecimiento y reducir riesgos asociados al estrés ambiental.
Desde el equipo técnico de Abud & Cía. destacan la importancia de mantener un control constante de calicatas y raíces para definir estrategias de riego que favorezcan la oxigenación del suelo y estimulen la exploración radicular. En esta etapa también se recomienda separar las líneas de riego, considerando el mayor crecimiento de raíces propio de la temporada.
En materia nutricional, se sugiere la inyección de fertilizantes nitrogenados junto con bioestimulantes, como ácidos fúlvicos, micorrizas, quitosano combinado con ácido salicílico y microorganismos benéficos, con el objetivo de fortalecer el desarrollo vegetal y mejorar la respuesta fisiológica de las plantas.
Otro aspecto clave es la formación del huerto, mediante el hilado o amarre del brote principal para evitar que se enrosque o se enrede, permitiendo así una conducción adecuada de la planta. Paralelamente, el manejo del golpe de sol cobra relevancia durante los meses de mayor radiación, recomendándose el uso de bloqueadores o filtros solares aplicados al follaje y la fruta para reducir el estrés y proteger los tejidos.
Estas prácticas forman parte del monitoreo técnico que se realiza durante la temporada para asegurar el correcto desarrollo de los huertos y optimizar su potencial productivo.
Revisa el reporte completo de KiwiTech en la sección de Reportes.